Tantas historias. Tantas dudas


¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?

En los libros aparecen los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,

¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas

de la dorada Lima vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue ter-

minada la Muralla China? La gran Roma

está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?

¿Sobre quiénes

triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan cantada,

sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la

legendaria Atlántida,

la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,

gritaban llamando a sus esclavos.

El joven Alejandro conquistó la India.

¿Él solo?

César derrotó a los galos.

¿No llevaba siquiera cocinero?

Felipe de España lloró cuando su flota

fue hundida. ¿No lloró nadie más?

Federico II venció en la Guerra de los Siete Años,

¿quién

venció además de él?

Cada página una victoria.

¿Quién cocinó el banquete de la victoria?

Cada diez años un gran hombre.

¿Quién pagó los gastos?

Tantas historias.

Tantas preguntas.


Bertolt Brecht

Otra ciudad, otra vida

Lugares

Las estaciones,
esos lugares de paso,
tan poéticos, sí,
tan cinematográficos…

Salvo
cuando el tren que parte es el tuyo,
y ves – desde el último vagón-
la figura de tu madre en el andén,
enviándote besos por el aire
y haciéndose cada vez
más pequeña bajo la lluvia;

como te haces más pequeños tú,
que miras tu mano y te falta la suya,
y solo tienes cinco años
y ni siquiera sabes
quién te espera allí.

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Romanticismo

Dice que le regalé una estrella,
dice que fue en el puerto,
una noche de domingo,
cuando empezábamos a salir.
Yo no recuerdo nada, la verdad,
hace media vida de eso. Pero,
vete tú a saber. Bien mirado, puede
que hasta sea cierto: veinte años,
tonto perdido de amor,
y sin un duro en el bolsillo…
Qué otra cosa le vas a regalar.


textos de Karmelo C. Iribarren

La leyenda Tittyshev o un cuento de verano

Probablemente, esta historia no tendría lugar si el 3 de Mayo de 1975 aquel equipo del este de Londres no hubiera ganado por dos goles a cero la final de la FA Cup disputada en el ya desaparecido Wembley Stadium.

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Este hecho no pasó desapercibido por un joven de nueve años que vivía en Rushden. Inmóvil frente al televisor, Steve Davies permaneció atento a los noventa minutos de aquella final.

Aunque lo más normal por su situación geográfica sería apoyar a otros equipos locales, el joven Steve no pudo rechazar lo que su corazón dictaba y después de ver aquel triunfo  comenzó a seguir apasionadamente al que sería -y sigue siendo- el equipo de su vida: el West Ham United FC.

Y como todos los niños del mundo que siguen el fútbol, Steve Davies también soñaba con convertirse en futbolista. Sin embargo, ese sueño, ese deseo irrefrenable de jugar al fútbol como profesional se evaporó, no así su pasión por los hammers. De ahí que puedas encontrarlo los días de partido, junto a otros miles de seguidores, en el Black Lion o en Boleyn Tavern, entonando, con pinta en mano, un cántico de 1918 adoptado por los fans del equipo: I’m forever blowing bubbles.

Partidos de pretemporada o una excusa para beber

Un día de verano, su amigo y fan incondicional del West Ham, Chunk lo llama para recorrer 90 km para ver un partido amistoso disputado en el campo del modesto Oxford City. Y lo más sorprendente de aquella tarde veraniega no sería esto.

El propio Steve reconoce que no accedió a ir por el partido en sí, sino por salir y beber.  Todo el mundo sabe cómo son esos partidos de verano que enfrentan equipos profesionales con otros amateurs. Encuentros de rodaje, de preparación, sin mucha emoción para el espectador, donde los jugadores se muestran imprecisos pese a la evidente superioridad futbolística.

No obstante, Steve empezó a reprocharle al delantero Lee Chapman un par de acciones. No sólo quedó en eso sino que aprovechaba los silencios para insultarlo.  Y aunque parezca mentira, los futbolistas “están acostumbrados” (por desgracia) a escuchar todo tipo de comentarios. Por lo que no se le dio demasiada importancia.

El partido continuó sin incidentes. En la segunda parte, como es habitual, salieron todos los jugadores del banquillo. Pero de repente, Lee Chapman se lesiona y tiene que salir del terreno de juego. No hay cambios. Entonces es cuando Harry Redknapp (por aquel entonces Manager del West Ham) entra en acción. Harry being Harry.  Se acercó a la valla donde estaba Steve y le dijo: “¿Puedes hacerlo mejor que Chapman?”

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No lo dudó y asintió. Fue entonces cuando Steve empezó a vivir su sueño. Tras ser acompañado por el utillero y cambiarse a la velocidad de la luz, Steve disputaría lo que quedaba de la segunda parte con el equipo de su vida.

Ante esta oportunidad, Steve Davies no dudó. Para una vez que jugaba, lo iba a hacer de delantero. Y la verdad es que no lo hizo nada mal.

El resto de la historia merece la pena verla, tras ser documentada por Informe Robinson.

Futbolista por un día. Aficionado de por vida.